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Charles Darwin nos enseñó que la selección natural favorece a los individuos con rasgos que aumentan su supervivencia y reproducción. Este principio se aplica no solo a estructuras anatómicas sino también a los comportamientos: conductas que incrementan la aptitud biológica tienden a perpetuarse generación tras generación.
Comportamiento como fenotipo seleccionable
Si un comportamiento tiene base genética (aunque sea parcial) y afecta la supervivencia o reproducción del individuo, puede ser moldeado por la selección natural. La agresividad territorial en aves, los comportamientos de cortejo en insectos, las estrategias de forrajeo en mamíferos: todos han sido “diseñados” por millones de años de selección.
El problema del altruismo: selección de parentesco
¿Por qué una abeja obrera trabajadora muere por proteger la colmena? ¿Cómo puede la selección natural favorecer conductas que reducen la supervivencia del individuo? W.D. Hamilton resolvió este aparente paradoja con el concepto de selección de parentesco: los genes que promueven el altruismo hacia parientes se favorecen si el costo para el donante es menor que el beneficio para el receptor, ponderado por el grado de parentesco (la ecuación de Hamilton: rB > C).
Teoría de juegos evolutivos
La teoría de juegos evolutivos, desarrollada por John Maynard Smith, explica cómo la selección natural mantiene múltiples estrategias conductuales en una población. El “dilema del prisionero” y las estrategias de “halcón y paloma” modelan matemáticamente por qué ciertos comportamientos sociales (cooperación, agresión, reciprocidad) coexisten en proporciones estables en las poblaciones naturales.
En Fundación Bioethos estudiamos la evolución del comportamiento en fauna colombiana. Explora nuestros programas de investigación y Ethoturismo para observar estos comportamientos en vida silvestre.


